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Académica Elizabeth Berrio “La ingeniería mecánica debe aprender a trabajar en los bordes entre disciplinas”

La investigadora María Elizabeth Berrio Niño se integró recientemente al cuerpo académico de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ingeniera de materiales y doctora en Ciencia e Ingeniería de Materiales, su trabajo se centra en el estudio de nanomateriales y biomateriales con aplicaciones en entornos biológicos.

Originaria de Cali, Colombia, Berrío inició su formación académica en la Universidad del Valle, donde ingresó en 2011 para estudiar Ingeniería de Materiales. Durante esa etapa comenzó a interesarse por comprender en profundidad el comportamiento de la materia y por  diseñar materiales con propiedades específicas para distintas aplicaciones. “Fue ahí donde descubrí que me apasionaba entender la materia desde adentro: por qué los materiales se comportan como se comportan y cómo se pueden diseñar para que funcionen mejor”, recuerda.

Este interés la llevó a continuar sus estudios en la misma institución, donde realizó una Maestría en Ciencias Químicas, profundizando en esa misma línea de investigación y en su aplicación en entornos biológicos. “Fue un camino que no planeé del todo, pero que con el tiempo me fue revelando algo importante: que cuando haces lo que sabes, lo disfrutas genuinamente y además le sirve a alguien, el trabajo deja de sentirse como trabajo”, comenta.

En 2019 se trasladó a Chile para cursar el Doctorado en Ciencia e Ingeniería de Materiales en la Universidad de Concepción, grado que obtuvo en 2023. Durante esos años participó en proyectos Fondecyt y Fondef vinculados al estudio de nanomateriales, biomateriales dentales y valorización de residuos industriales.

Paralelamente a su trabajo de investigación, desarrolló una activa labor docente, impartiendo cursos de Química general, participando en iniciativas de divulgación científica en colegios y co-dirigiendo memorias de título de estudiantes de Ingeniería Mecánica en la Universidad del Bío-Bío.

Actualmente, su investigación se orienta al desarrollo de biomateriales avanzados con aplicaciones en el área odontológica. En este contexto, recientemente se adjudicó un proyecto posdoctoral que posteriormente se transformó en un proyecto Fondef regular, enfocado en el diseño de un sistema adhesivo de doble capa denominado BioDual Primer, orientado a la desinfección y regeneración del complejo dentina-pulpa.

Su investigación se centra en desarrollar un adhesivo polimérico nanoestructurado con propiedades antibacterianas y biocompatibles, capaz de combatir infecciones en la cavidad oral sin depender del uso excesivo de antimicrobianos convencionales. En este campo, explica que uno de los principales desafíos es el comportamiento de los materiales en condiciones reales. “Un biomaterial dental puede ser muy prometedor desde el punto de vista químico o biológico, pero si no resiste las condiciones reales del ambiente bucal, su aplicación clínica es limitada”, afirma.

La cavidad oral representa un entorno especialmente exigente para los materiales, ya que estos se encuentran sometidos a ciclos térmicos continuos, cargas mecánicas repetidas durante la masticación, variaciones de pH, presencia de fluidos biológicos y actividad bacteriana constante. En ese contexto, la investigadora explica que una de las preguntas que guía su trabajo es comprender el desempeño mecánico de estos materiales. “Preguntarme cómo se comporta mecánicamente un biomaterial cuando el cuerpo lo pone a prueba es lo que me motiva a seguir trabajando en esta área”, explica.

Respecto a los desafíos actuales de la ingeniería, Berrío sostiene que uno de los aspectos más relevantes es la necesidad de trabajar en espacios interdisciplinarios. “Creo que uno de los desafíos más importantes que enfrenta hoy la ingeniería mecánica es aprender a trabajar en los bordes, en esos espacios donde la disciplina se encuentra con la biología, la nanotecnología o la sostenibilidad”, señala.

En esa línea, considera que la formación de las nuevas generaciones debe incorporar habilidades que permitan abordar problemas complejos desde múltiples perspectivas. “No solo se trata de saber usar una herramienta o un método, sino de entender sus límites y saber cuándo cuestionarlo”, afirma. Asimismo, destaca que otra competencia fundamental es la capacidad de comunicar el conocimiento con claridad, ya que —según plantea— “si no se explica un trabajo con claridad, este puede tener un alcance muy limitado, independiente de qué tan bueno sea técnicamente”.

Fuera del ámbito académico, la nueva profesora de la Escuela disfruta de actividades como la herbolaria y el cultivo de plantas medicinales, una práctica que comenzó por curiosidad y que hoy forma parte importante de su vida cotidiana. “Cultivar plantas te enseña a observar con paciencia, a ser constante y a respetar los tiempos de los procesos, algo que en investigación también es clave”, comenta. Para la investigadora, esta práctica también le permite mantener una mirada atenta sobre los procesos naturales, ya que —como señala— “a veces lo más importante es estar atenta a lo que está pasando”.